En un mundo globalizado donde todo se revoluciona en el tiempo, donde casi no podemos ni pararnos a mirar una flor en un parque, es cuando más debemos frenar y contemplar las pequeñas cosas que nos suceden o se nos cruzan por la vida pues ellas son las que construyen nuestro día a día.

Sé que parece imposible el poder parar, tener tiempo para observar y mucho menos para meditar, pero igual que ponemos gasolina a nuestros coches y si se calientan los dejamos reposar, con mucho más motivo debemos hacerlo con nosotr@s mismos, porque dime, si tu coche se rompe quizás puedas sustituirlo por otro, pero si tú te dañas ya no habrá marcha atrás.

Me gustaría que te dieras permiso ya no para realizar un descanso, sino para poder fijarte durante un día como actúas, como vas, que es en lo que te fijas, que sensaciones tienes, como te sientes, ¿respiras aceleradamente? ¿Corres más de lo que creías? ¿Notas la tensión en tu cuerpo? Piensa por un momento cuantas veces te fijas en ti y cuantas lo haces en los demás, te sorprenderá comprobar que siempre estamos observando lo que realizan otr@s y pacas veces en lo que realizamos nosotr@s mism@s.

Pues si esto ocurre en tu día a día con las cosas que realizas, imagínate cuantos pequeños  gastos sin darnos cuenta que realizamos pasan en tu vida, muchas pocas hacen una mucha, y todo sin darnos cuenta, sin apenas percibir que lo realizamos y cuando llega el fin de mes no sabemos en qué se ha marchado nuestro dinero.

Tanto sea por la economía como por algo más valioso como nuestra vida, el tiempo es oro y si no lo valoras como se merece, esas pepitas se te escaparan por entre los dedos y cuando quieras darte cuenta solo tendrás arena en tus manos.

Una vez escuche una historia que bien podría ser un cuento o un pasaje bíblico, en la que transcurría en un campo donde estaba un labriego que cultivaba su pequeño huerto, el cual le daba suficiente para poder comer y vivir y le sobra más de medio día para disfrutar de lo que quisiera y su vida era completamente feliz, un día se le presento el diablo con apariencia humana y se le quedo mirando como descansaba debajo de una higuera disfrutando de el frescor de su sombra. El diablo se acercó y con una actitud desconcertada le dijo al labriego, ¿qué haces infeliz? ¿Porque estas parado sin hacer nada? ¿Que no tienes faena que realizar?, y el labriego todo sorprendido por la actitud de ese personaje le contesto, no ya he realizado hace rato mis tareas diarias y ahora solo me queda que descansar, el diablo con mucha astucia le increpo casi sin dejar que terminara de hablar diciéndole, necio ¿pero no te das cuenta del tiempo que pierdes en la vida pudiendo aprovecharlo más útilmente? Mira sino tú choza, toda destartalada, sin ventanas y sin puertas y tu sin preocuparte por ello, el labriego observando lo que aquel individuo decía y mirando su pequeña cabaña le contesto, ya, pero no tengo dinero para poder realizar tales arreglos, y el diablo con una mueca en la cara que delataba su satisfacción de haber pescado a un incauto le contesto, mira si coges el terreno que tienes a tu lado y cultivas más hortalizas, podrás venderlas y con ese dinero podrás construirte otra casa mucho más grande y mejor que la de tu vecino, al cual ya avía visitado el diablo hace tiempo. Y dicho y hecho el labriego trabajo el doble y se construyó la casa, y de vez en cuando recibía la visita del diablo que continuaba increpándole y diciendo, ¿Por qué no te compras otra parcela y pones a personas a trabajar? y así podrás tener un carruaje mejor que el de tu vecino. Y cuando el labriego, ese mismo que tan solo un tiempo a atrás, era feliz con lo que tenía, se quiso dar cuenta ya no recibía la visita de aquel personaje, de hecho ni se acordaba de el, pues su única preocupación era tener algo mejor que su vecino.

Esta historia podríamos trasladarla en mayor o menor medida a casi tod@s nosotr@s, siempre insatisfechos, siempre buscando llenar nuestras vidas con objetos o dinero, y que queramos superarnos y tener una vida cómoda no significa esclavizarnos a nosotr@s mism@s, podemos buscar una comodidad a la medida que necesitemos, sin perder de vista que ante todo la vida esta echa para vivirla y no para acumular objetos.